Caracteristicas del Cuento





EL VASO DE AGUA

La sirena del vapor lanzó un bramido y el buque empezó a deslizarse blanda­mente al lado del muelle.

Uno de los pasajeros, el poeta Jaime Roselló, de codos en la borda, contemplaba el panorama del puerto cuando uno de los oficiales le invitó, en nombre del capi­tán, a subir al puente de vigilancia.

—Desde aquí —díjole el capitán— puede usted ver mejor todo el golfo, uno de los más hermosos del Mediterráneo.

Sin desatender las maniobras, tendió la mano retostada por el sol y la brisa, hacia varios puntos del golfo; dio el nombre de algunos parajes, y luego detuvo la mirada en una columna de mármol rojo, que en el centro del malecón se levantaba, con una inscripción en letra de oro.

—Capitán —preguntó el poeta—, ¿ cuál es la inscripción de esa columna… ? Resplandece con esta luz de Oriente, pero no distingo…

—¿No distingue usted las palabras?

—Con dificultad, capitán… Como el buque se va alejando…

—Verdad es… ya está lejos del muelle… Los marinos tenemos la vista anor­mal, educada para las grandes distancias… Pues bien, la inscripción dice así:

"Todo el que diere de beber a uno de aquellos pequeñitos un vaso de agua (ría… no perderá su galardón". (S. Mateo, X, 42).

—Excúseme, capitán —observó el escritor—. Usted no ha leído.

—Es cierto —contestó el otro con una sonrisa enigmática, y a la vez conmovido.

—¿Sabe usted de memoria el texto evangélico?

—Lo sabía… y aún lo recuerdo…

Se detuvo el marino, tal vez a evocar un episodio de su vida, y contrajo las cejas en tanto que la sombra de una idea hizo aún más oscuras sus negras pupilas.

El caso resultaba extraño: un capitán árabe que sabía de memoria textos del Evangelio, y que al citarlos tomaba esa expresión meditabunda… Cruzado de bra­zos sobre la barandilla, se abismó en una contemplación retrospectiva.

Y aquel hombre de acción, todo músculos, todo nervios, sorprendió al escritor con esta frase:

—A veces pienso que los elementos desencadenados… son quizás los justos vengadores de una verdad sencilla, de una doctrina desdeñada…

Y vueltas las miradas a la línea de tierra que se adelgazaba en el horizonte, continuó abismado en su meditación y en su recuerdo.

La curiosidad y la impaciencia impulsaron al poeta a interrogarle.

—Sí —contestó al fin el marino—, es un antiguo recuerdo… Va usted a oírlo.

"Hace quince años, la goleta Abdul Mejid, de quinientas toneladas, con tri­pulación de doce hombres, todos árabes, se daba a la vela en este mismo puerto, con rumbo a Nakri, una isla del Egeo, como usted sabe… La goleta conducía víveres y agua destinados al personal de servicio de una hermosa propiedad que el Khedive tiene en Nakri. Llevaba, pues, agua suficiente, durante largo tiempo, para ellos y para la gente del islote.

"Uno de los árabes de la tripulación comenzó a hacer burla de una pobre mu­jer paralítica que en el muelle, bajo los rayos ardorosos de este sol de Oriente, le pidió un sorbo de agua.

"—¿Agua?… ¿No la ves?… ¡Bébela!…

"Y el marino señaló las ondas del golfo.

"—¡Bebe! —gritaron de buen humor los demás tripulantes.

"La vieja se quedó en el muelle. La nave salió del puerto.

"Los dos primeros días fueron de mar sereno, cielo despejado, viento favora­ble. .. Cambió luego el viento y empezó a soplar con fuerza, con tal violencia, que obligó al comandante del Abdul Mejid a reducir el velamen. El huracán fue aumen­tando; la goleta no pudo ya avanzar y cambió de derrotero. Así, la nave, en me­dio de la tempestad, huía ante los vientos que le arrebataban casi todo el velamen, en tanto que las olas, cada vez más violentas, saltaban a bordo… Aconteció que hallándose agrupados sobre cubierta los toneles de agua y no habiendo tenido la tripulación tiempo ni respiro para sujetarlos, una oleada de costado los arrebató; y como en aquéllos iba también el agua de consumo para la travesía, es fácil com­prender la dolorosa sorpresa de los hombres, al verse así, en alta mar, en medio de la tormenta, privados del agua…

"—¡A mal tiempo, buena cara!"… —dijo aquel marinero que había hecho burla de la vieja en el muelle.

"Y pretendió lanzar una carcajada. Creyeron que la tempestad cesaría y que al fin permitiría volver la proa hacia Nakri, distante sólo algunas millas. Mas no su­cedió así; y tras una ahora de relativa calma, la tormenta se alzó de nuevo, cada vez más terrible, empujando la nave fuera del acostumbrado derrotero. El coman­dante, al ver que se dirigían a una muerte inevitable, volvió la proa a Nakri, desa­fiando el viento; pero el huracán sopló más y más; rompiendo los palos y reven­tando los cables, se llevó el velamen que había quedado.

"Desde aquel momento los tripulantes permanecieron sobre el puente, parali­zados, entre el temor y la esperanza, ya viéndose abandonados para siempre, ya con­fiando en que alguna otra nave viniera a darles socorro… Mas seguía la racha impetuosa, la nave sin dirección se alzaba, y se hundía, y todos temían de un mo­mento a otro sumergirse en aquel borrascoso mar…

"Empezó luego el tormento de la sed que se fue apoderando de aquellos cuer­pos, extenuados ya por la fatiga y el insomnio… Diéronse a buscar en todos los rincones; bajaron a la bodega; escudriñaron los sótanos… Y el tormento cada vez más angustioso… Y murmuraban con la lengua árida una sola palabra: ¡Agua!… ¡Agua!…

"Tenían en torno el agua, y no querían mirar la inmensa mole líquida, que era como un escarnio.

"Pasó uno y otro día; los marinos, secas las fauces, la fiebre en los ojos, uno en pos de otro, cayeron sobre el puente… y sus labios marchitos se abrían sólo para decir una palabra: ¡Agua!

"Después de tres días el vapor Corfú con derrotero a Alejandría, en lucha con mar tempestuoso, recibió un radiograma de una nave francesa en el que daba no­ticia de que a cien millas al sur de Nakri, una goleta desmantelada se hallaba en peligro… Añadía el radiograma que el vapor francés se dirigía en auxilio del bu­que náufrago… Forzando la máquina, el comandante se dirigió al bergantín y arrojó al mar las barcas de salvamento… mas nadie a bordo del velero pedía so­corro; no se alzaba una voz, no se agitaba una mano, no había señal de vida. Cre­yóse que la nave hubiera sido abandonada… Cuando los marinos del salvamento lograron subir a bordo de la goleta, comprendieron la causa de aquel silencio…

"Doce cuerpos exánimes yacían sobre el puente. Sólo uno de ellos se movió. De su boca árida, que parecía abrirse para exhalar el último suspiro, salió una pa­labra : ¡ Agua

"Un sacerdote, que había subido del barco salvador para prestar auxilio a los tripulantes, acudió con un vaso de agua.

"—Gracias —murmuró, reconfortado, el moribundo. "El sacerdote replicó:

"—Hermano, no a mí las gracias, sino a Aquél que ha dicho: "Todo el que diere a beber un vaso de agua… no perderá el galardón…

"Llegados al puerto, el árabe —único sobreviviente— pidió al sacerdote que le instruyera en la doctrina del Evangelio; y, bautizado, hizo levantar esa columna con la inscripción en las letras de oro…". Enmudeció el capitán.

¿Y ese árabe convertido era?… —preguntó el poeta. —Ya usted lo ha adivinado…

Bajaban las sombras y oscurecían las olas del Mediterráneo. Los velos del crepúsculo envolvieron la fisonomía de aquel hombre soñador, cuya vida solitaria se deslizaba entre dos abismos, el del mar y el del cielo.

José María Rivas Groot

De acuerdo con lo estudiado en el tema anterior, aparece a continuación una guía para el análisis del cuento leído:

Guía básica para el análisis de un trozo literario –

Título: (El del texto)

TEMA

  • Argumento

    • Iniciación

    • Nudo

    • Desenlace

  • Mensaje (ideas o enseñanzas)

 

PERSONAJES

A. Principales (caracterización): Física Moral

B. Secundarios (caracterización): Física Moral

 

ESPACIO (Lugar, ubicación de la trama)

 

  1. Se inicia en…
  2. Se desarrolla en…
  3. Se termina en…

 

TIEMPO (cronológico)

FORMA DE LA OBRA

  1. Prosa o verso
  2. Género (narrativo, descriptivo, expositivo)

EXPRESIONES LITERARIAS

AUTOR: datos biográficos.

 

Apliquemos la guía anterior al cuento "El vaso de agua".

TITULO: El vaso de agua

TEMA: Narración de un naufragio.

  • Argumento
  • Iniciación: La escena se desarrolla en un viaje por el Mediterráneo.

Conversaban en un barco, al momento de partir, un pasajero (poeta) y el capitán del mismo, acerca de una inscripción en letras doradas que se veía a lo lejos en una columna de mármol.

Intrigado el poeta, preguntó al capitán por le motivo de aquella inscripción; éste le refirió que quince años antes, cuando una goleta cargada de víveres y agua se aprestaba a zarpar hacia una isla del Mar Egeo, una mujer paralítica imploró un poco de agua a uno de los tripulantes y éste se burló de ella diciéndole:

"¿Agua?… ¿Ñola ves?… ¡Bébela!".

  • Nudo: Después de varios días de viaje, la goleta fue sorprendida por fuertes tormentas que la hicieron zozobrar. La sed acosó a los tripu­lantes; el único sobreviviente imploraba, con la boca reseca por la sed: ¡Agua!

Un sacerdote que viajaba en el barco que les prestó auxilio, le dio un vaso de agua.

  • Desenlace: Ese único sobreviviente resultó ser el capitán que, ahora convertido, le refería dicha historia al escritor.
  • La enseñanza que el autor quiso dar a través del cuento está contenida en la máxima evangélica: "Todo el que diere a beber un vaso de agua… no perderá el galardón…".

PERSONAJES

  1. Principales:

    1. El capitán del buque: un árabe musculoso, de negras pupilas y piel tostada por el sol; soñador…

    2. El poeta: Jaime Roselló.

  2. Secundarios:

    1. La anciana paralítica.

    2. Los doce árabes tripulantes de la goleta Abdul Mejid.

    3. El sacerdote.

ESPACIO

El Mar Mediterráneo, el Mar Egeo

TIEMPO

  1. De la narración: durante el atardecer.

  2. Del naufragio: tres días.

  3. Transcurrido: desde la catástrofe hasta su narración: quince años.

FORMA

  1. Prosa
  2. Género narrativo

ALGUNAS EXPRESIONES LITERARIAS

  • Metáforas: "La sirena del vapor lanzó un bramido". "La sombra de una idea hizo más claras sus pupilas".

"Los velos del crepúsculo envolvieron la fisonomía de aquel hombre soñador".

  • Máximas: "A mal tiempo, buena cara
  • Comparaciones: . .la inmensa mole líquida que era como un escarnio".

DATOS BIOGRAFICOS DEL AUTOR:

José María Rivas Groot nació en Bogotá en 1863 y murió en Roma en 1923.

Publicó en 1886 una colección de poesías de sus contemporáneos titulada "Lira nueva".

Entre sus obras merecen destacarse: El triunfo de la vida y Resurrección (no­velas) y las poesías Constelaciones y La naturaleza muy conocidas en la literatura colombiana. Escribió, además, numerosos cuentos.



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